Entender y gestionar las rabietas desde el respeto

Entender y gestionar las rabietas desde el respeto es el tema sobre el que vamos a trabajar en RetoMontessori durante el mes de Noviembre.

Por si no sabes en qué consiste RetoMontessori te cuento: Cada mes (normalmente el último martes del mes), publico un post sobre un tema de filosofía Montessori o relacionado con la pedagogía Montessori, que será el tema que trabajaremos durante el mes siguiente en RetoMontessori. Este post estará en el blog a disposición de todo el mundo.

Tres días después del post, es decir, el viernes de esa misma semana, expongo el tema con más detalle en un webinar y los asistentes pueden participar planteando preguntas, compartiendo sus ideas, debatiendo, etc, algo que resulta muy interesante y enriquecedor! Para asistir a estos webinars mensuales es necesario unirse a RetoMontessori, aquí te explico cómo hacerlo.

No quiero enrollarme más sobre el funcionamiento de RetoMontessori para no extenderme mucho, pero si tienes cualquier duda ya sabes que puedes dejarme un comentario al final de este post o contactarme por email.

Después de esta intro, vamos al tema:

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El tema de las rabietas y como afrontarlas, gestionarlas, prevenirlas... es algo sobre lo que me preguntáis en todos los talleres, en todos los webinars y en todas las charlas que doy. Es un tema que preocupa y para el que no siempre nos sentimos preparados como padres. Así que aunque no existen recetas ni soluciones mágicas, sí que podemos tener en cuenta ciertos detalles para sentirnos un poco más seguros a la hora de manejar y acompañar esas situaciones.

Te voy a contar mi manera de gestionar las rabietas, que no es la única ni la mejor, simplemente es la que yo utilizo a día de hoy, tal vez mañana aprenda algo nuevo que me haga replantearme alguna cosa, la maternidad es siempre un work in progress! 😉

Yo siempre he pensado que el primer paso es entender qué es una rabieta y por qué se produce, sólo eso nos va a dar una nueva visión y nos va a poner en una posición mucho más comprensiva y empática.

Una rabieta se produce cuando una persona, ya sea niño o adulto (sí, los adultos también tenemos rabietas, pero las llamamos "perder los papeles"), no sabe expresar sus emociones de enfado y/o frustración de una manera apropiada y asertiva (con palabras), y en lugar de eso da salida a esa emoción a través de un comportamiento inapropiado (gritando, pataleando, golpeando objetos o personas, dando un portazo...). En el caso de niños muy pequeños es habitual que todavía no tengan un lenguaje muy desarrollado y por eso no pueden comunicar cómo se sienten, y en el caso de niños más mayores o de adultos, es posible que aunque puedan hablar no sean capaces de identificar cómo se sienten, aceptarlo y expresarlo de manera apropiada.

Ahora que sabemos por qué se produce una rabieta, vamos a retroceder un poco, si la causa de la rabieta es el enfado, vamos a preguntarnos de dónde viene ese enfado. En cada caso el origen del enfado va a ser diferente, y no siempre va a ser fácil identificarlo, pero por norma general, el enfado se produce porque nuestras necesidades no están cubiertas, así que tiene bastante sentido intentar buscar cuáles son esas necesidades en ese momento. Vamos a verlo con un ejemplo de hace unos días:

Terminamos de cenar y le recordé a Sara (2 años y medio) que teníamos que lavarnos los dientes, otros días se va tan feliz al baño a hacerlo, pero ese día en vez de eso se tiró al suelo llorando.

Podría haber reaccionado de varias formas pero antes de reaccionar decidí respirar hondo y pensé: "Vale, ahora mismo tengo dos objetivos, que se lave los dientes y que aprenda a expresar sus emociones y sus necesidades de forma apropiada"

Así que decidí empezar por el segundo, ya nos lavaríamos los dientes después. Me agaché para estar a su altura e intenté buscar el origen del enfado, la necesidad no cubierta. Yo sospechaba que era cansancio, pero también podía ser que se hubiera enfadado porque yo le había recordado que tenía que lavarse los dientes en vez de dejar que se acordase ella misma o que lo mirase en su tabla de rutinas, o podía ser otro motivo totalmente diferente... Así que le dije, con la voz más clamada que pude articular:

"Parece que estás muy enfadada, ¿estás enfadada?"

"Sí"

"¿Me quieres decir por qué estás enfadada?"

- "No"

- "A lo mejor puedo hacer algo para que te sientas mejor, ¿qué necesitas?"

- "¡Quiero teta!"

- "¿Quieres teta en la cama para dormir?"

- "Sí"

"Vale, ¿que te parece si vamos juntas a lavarnos los dientes y después nos vamos a la camita a tomar teta?"

A lo largo de la conversación fue bajando su enfado y al final ya no lloraba, cuando le hice mi propuesta hizo un gesto como que no le convencía lo de tener que lavarse los dientes, ¡ella quería teta ya!, pero me dijo "Vale mami", y nos fuimos al baño.

Antes de seguir quiero aclararte que no todas las rabietas son así, te pongo este ejemplo porque en este caso la situación se solucionó rápido y no quiero que el post quede excesivamente largo, pero obviamente no siempre es tan rápido, no siempre es tan fácil, y no siempre tengo la calma o el tiempo necesarios para  gestionar una rabieta tal y como me gustaría. Pero este ejemplo me sirve para mostrarte algunos de los puntos que yo considero importantes a la hora de gestionar una rabieta respetuosamente:

  1. Piensa que si tu hijo está teniendo una rabieta no lo hace por gusto ni para sacarte de tus casillas, ni para probar tus límites. Tener una rabieta no es agradable, a nadie le gusta esa sensación de perder el control, y los niños no son una excepción. En vez de ponerte a la defensiva, muéstrale que estás de su lado.
  2. Al agacharte para hablarle desde su altura, mirándole a los ojos, le estás mostrando a tu hijo que le respetas, que no te sientes superior a él y que estáis juntos en esto. En vez de sentir que le juzgas o le riñes desde arriba, va a sentir que sois un equipo. Este detalle del lenguaje corporal ayuda mucho en la comunicación con los niños en general, no sólo durante una rabieta.
  3. Es importante no juzgar la emoción, no queremos que el niño piense que enfadarse es malo, queremos que aprenda a identificar esa emoción, aceptarla y expresarla de forma apropiada.
  4. Etiquetar emociones es neurológicamente calmante. Ayudar a tu hijo a poner nombre a sus emociones le va ayudar a calmarse porque va a entender lo que le está pasando y va a poder recuperar el control. Además va a aprender a verbalizar lo que siente, a comunicarlo de manera apropiada cuando se encuentre con otra situación parecida, es decir, le estás ayudando a superar esta rabieta y a prevenir futuras rabietas.
  5. La empatía calma, cuando el cerebro percibe empatía el nervio vago relaja el cuerpo. Esto es algo que leí hace tiempo en el libro Brain Rules for baby de John Medina, está demostrado científicamente y además es de sentido común. Si estás teniendo una rabieta y percibes que la otra persona se pone en tu lugar y te intenta comprender, lo lógico es que te sientas más calmado y más abierto a comunicarte con esa persona, ¿verdad?
  6. No pretendas razonar con el niño hasta que no se haya calmado un poco. Durante el momento más intenso de la rabieta se produce lo que se llama secuestro amigdalar o secuestro emocional, y el cerebro pierde en gran parte la capacidad de razonar.
  7. La pregunta, "¿qué necesitas?", es clave en esta conversación. Por un lado va a hacer ver al niño que estamos genuinamente interesados en cómo se siente y en ayudarle a sentirse mejor, y por otro lado, si el niño nos da una respuesta (que no siempre es así), vamos a tener una información valiosísima tanto para solucionar esa situación como para anticiparnos a situaciones similares en el futuro.
  8. Hay niños con los que todo lo anterior no funciona hasta que ha pasado un tiempo (unos minutos o un buen rato). Seguro que conoces adultos a los que no les apetece hablar “en caliente”, prefieren estar solos cuando están en el momento más intenso de la emoción y hablar después, “en frío”. Con los niños ocurre igual, si ofrecemos ayuda y la rechazan tenemos que respetarlo, únicamente nos aseguramos de que durante la rabieta no se hagan daño a sí mismos ni a otras personas ni al entorno, y les decimos que estamos disponibles si nos necesitan.

Como ya he dicho, cada niño es un mundo y cada rabieta es diferente, incluso nosotros reaccionamos de manera diferente en función de nuestro estado de ánimo, nuestro nivel de cansancio... pero espero que estas ideas te sirvan de ayuda.

En el webinar del viernes 4 de Noviembre veremos todo esto con más detalle y con más ejemplos.

Si te interesa este tema y quieres asistir al webinar del viernes 4 de Noviembre, puedes unirte ahora a RetoMontessori, te espero el viernes a las 19:00 (hora de Madrid), si no puedes asistir en directo podrás ver después la grabación del webinar en la zona privada de RetoMontessori ?

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21 comentarios

  1. Hola! Me ha gustado mucho esta entrada! La verdad es que me gusta todo lo que publicas, pero esta de las rabietas me gusta especialmente, quizás porque a nosotros los adultos también nos cuesta gestionar nuestras emociones, nuestras “rabietas” de mayores, pero nos cuesta reconocerlo. Todo lo que explicas tiene taaanto de sentido común, en cambio tiempo atrás se nos enseñaba todo lo contrario a esto; a mí me costó mucho este tema con mi hija mayor (ahora tiene 14 años). Cuando tenía 3 añitos me separé y la pobre se encontró con todo eso de golpe y lo sacaba en forma de rabietas. Y recibía muchas críticas por ser tan “excesivamente compensiva” con ella. Aún así hice muchas cosas mal, pero como bién dices, es un aprendizaje constante esto de la maternidad! Ahora con el de 15 meses ya empezamos, y espero poder gestionarlo todo mejor con la ayuda de papá, su hermana y gente como tú que nos ayuda a reafirmarnos y no sentirnos solos, gracias!

    1. Gracias por compartir tu experiencia, me alegro de que lo que escribo también te sirva de apoyo, a veces nos sentimos tan presionados por lo que opinan otras personas que llegamos a dudar de lo que nos parece de sentido común… Viene bien saber que no somos los únicos 🙂

      Un saludo! 🙂

  2. Muchas gracias, Cristina, en casa intentamos hacerlo así (o parecido…:) Pero como bien dices no siempre tenemos el ánimo, el tiempo o la paciencia… Leer el post me viene genial para tener aún más presente lo importante que es el respeto y lo que ayuda en las situaciones difíciles… Si yo tengo “una rabieta” también me gustaría que me tratasen así, ¿cómo no voy a hacerlo con mis hijos? Un abrazo!!

    1. Tú lo has dicho Mercedes! Cuando nosotros tenemos una rabieta nos gusta que nos traten con respeto, ¿por qué íbamos a hacerlo diferente con nuestros hijos?

      Gracias por tu comentario 🙂

  3. hola!! muchisimas gracias por el post… sirve de mucha ayuda… sobre todo en mi caso, que soy primeriza y con un niño de 20 meses que tiene mucho caracter… como todos… imagino! las mayores rabietas que ha tenido ultimamente han sido a la hora de irnos del parque…. nunca quiere irse… he intentado diferentes “trucos” pero no hay manera… a pesar de estar hasta 2 horas en el parque o mas y que se haga de noche… rabieta! y ademas suele (intentar) pegarme… llora… patalea… tienes algun truco en esta situacion?? gracias por tu ayuda!!

    1. Hola Ana, por desgracia no tengo ningún truco, ya me gustaría! 😉 Lo que un día puede funcionar bien con un niño tal vez otro día no funcione con ese mismo niño, y ya no digamos si hablamos de diferentes niños… Teniendo en mente lo que he comentado en el post podemos salvar algunas situaciones o incluso anticiparnos a ellas, pero no siempre lo vamos a conseguir, y en esos casos sólo nos queda sacar paciencia y comprensión y acompañar al niño lo mejor posible durante la rabieta, y explicarle (cuando se calme) que por muy enfadado que esté no debe hacer daño a los demás o a sí mismo, esto sí es importante dejárselo claro.

      Un saludo 🙂

  4. Muy interesante. El tema de las rabietas es algo que desespera de algún modo a muchos padres. Sin embargo, con unas pautas de actuación y paciencia y cariño se pueden comprender y solucionar de forma muy satisfactoria.

  5. Muy buena exposición, tengo una hija con un TEA y tenemos muchos episodios de este tipo. Aunque partimos de los principios de crianza respetuosa, está bien releer esto de vez en cuando, porque cuesta mantener la calma.

    1. Hola,
      Viendo tu respuesta me siento muy identificado, ya que tengo una hija de 19 meses con diagnostico TEA. Desde un principio hemos practicado la crianza respetuosa, pero se nos resulta difícil ya que ella por su condición no puede verbalizar sus emociones, de hecho aún no pronuncia ninguna palabra. Nos frustra un poco que no nos entienda al querer canalizar sus rabietas. Tu cómo lo hiciste?

      Un abrazo

  6. que pasa si lo que necesita no es posible? como ver la televisión cuando ya es hora de dormir. Comer algo de lo que no tenemos los ingredientes en ese momento… etc…

    1. Hola Anais,

      En ese caso se le explica que entendemos que quiere eso (en otro momento habría que hablar de la diferencia entre “querer” y necesitar”) pero que no es posible en este momento, por ejemplo: “Entiendo que te apetece comer macarrones con tomate, pero ahora no tenemos tomate en casa, ¿que te parece si los hacemos mañana?”

      Su enfado va a seguir ahí, pero también es importante que aprendan que no siempre podemos tener lo que queremos inmediatamente.

      Un saludo! 🙂

  7. Muchos padres “sufren” mucho al no saber gestionar las rabietas. Es algo muy habitual. Y aunque, efectivamente, no hay recetas mágicas, empezar a seguir unos sencillos pasos puede ayudar y beneficiar muchísimo a los padres y al niño.

      1. – “A lo mejor puedo hacer algo para que te sientas mejor, ¿qué necesitas?”

        – “¡Quiero teta!”

        – “¿Quieres teta en la cama para dormir?”

        – “Sí”

        – “Vale, ¿que te parece si vamos juntas a lavarnos los dientes y después nos vamos a la camita a tomar teta?”

        mejor primero dar teta y luego lavar los dientes

        1. Ah, ok, al decir comer no sabía que te referías al pecho. Tomar pecho después de lavarse los dientes no es lo mismo que comer o que tomar un biberón después de lavarse los dientes, te dejo un extracto de un artículo donde lo explican muy bien, por si te interesa leer el artículo completo está aquí: Lactancia materna y caries
          – El pezón se coloca al final de la boca, en el límite entre paladar duro y paladar blando. No toca los dientes, cosa que sí sucede con los biberones.

          – Si el pezón no es ordeñado no sale leche de forma continua. Aunque el bebé se duerma con el pezón en la boca, la leche no sigue saliendo. No se queda leche desbordando la boca. En el mismo acto en que el pezón se exprime, la leche es ingerida. Con el biberón sí existe ese riesgo, y de hecho es el mayor peligro.

          – La lactosa es el azúcar que tiene la leche. Este azúcar se metaboliza en los dos monosacáridos que lo componen gracias a la lactasa, una enzima que se sintetiza en el intestino delgado. De esta forma en la boca no hay glucosa, las bacterias no obtienen glucosa de la lactosa en la boca, sino que la obtienen de otros azúcares como la fructosa. El riesgo pues es debido a la alimentación complementaria, no a la LM. En cualquiera de los casos, la lactosa es el azúcar menos cariogénico que existe.

          – La leche materna contiene enzimas e inmunoglobulinas que inhiben el crecimiento de las bacterias que producen caries así que, de hecho, la leche materna previene la caries.

          Espero haber resuelto tu duda 🙂

          1. Hola Glenda,

            Le recordamos el límite (que ya debe conocer de antemano), le explicamos por qué tenemos ese límite, y si se enfada o se opone es importante que validemos sus emociones y nos enfoquemos en buscar soluciones, por ejemplo: “Entiendo que estás enfadado porque te apetecía ver la TV, pero es hora de dormir, ¿podemos hacer algo para que te sientas mejor?”
            También depende de la edad que tenga.

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