Los elogios, premios y castigos frente a la autoestima y la auto-motivación

Ya hemos hablado anteriormente de elogios, premios y castigos, pero es un tema por el que me suelen preguntar, así que este mes en RetoMontessori vamos a centrarnos en su impacto en la motivación y la autoestima de nuestros peques a corto y a largo plazo.

Por si no sabes en qué consiste RetoMontessori te cuento: Cada mes (normalmente el último martes del mes), publico un post sobre un tema de filosofía Montessori o relacionado con la pedagogía Montessori, que será el tema que trabajaremos durante ese mes en RetoMontessori. Este post está en el blog a disposición de todo el mundo.

Tres días después del post, es decir, el viernes de esa misma semana, expongo el tema con más detalle en un webinar y los asistentes pueden participar planteando preguntas, compartiendo sus ideas, debatiendo, etc, algo que resulta muy interesante y enriquecedor! Para asistir a estos webinars mensuales es necesario unirse a RetoMontessori, aquí te explico cómo hacerlo.

No quiero enrollarme más sobre el funcionamiento de RetoMontessori para no extenderme mucho, pero si tienes cualquier duda ya sabes que puedes dejarme un comentario al final de este post o contactarme por email.

Después de esta intro, vamos al tema:

 

¿Por qué está tan generalizado el uso de elogios, premios y castigos?

Durante mucho tiempo se ha pensado que los elogios, premios y castigos eran necesarios para educar, y todavía hoy en día, a pesar de que varios estudios han demostrado lo contrario, mucha gente sigue pensando que los elogios, premios y castigos son un recurso esencial. ¿Por qué?

Pues principalmente porque se trata de medidas que tienen efecto a corto plazo:

  • Cuando le prometes a un niño un premio si hace tal cosa, es fácil que el niño acceda a hacerlo, lo que te da la sensación de que ofrecer el premio ha sido efectivo.
  • Cuando amenazas a tu hija con quedarse sin salir si no ordena sus juguetes, posiblemente se ponga a ordenarlos en ese mismo momento, lo que te hace creer que la estás educando bien porque has conseguido que te obedezca.
  • Cuando elogias a un peque por haber hecho un dibujo precioso (especialmente si centrar el elogio en el logro más que en el proceso), piensas que le estás motivando a volver a hacerlo.

Pero... ¿Y si en vez de a corto plazo pensamos a largo plazo?

¿Y si pensamos a largo plazo? ¿Qué han aprendido estos niños en estas situaciones? Posiblemente algo como

  • "Para conseguir algo bueno tengo que hacer algo que no me gusta"
  • "Cuando haga algo que me pidan debo recibir algo a cambio"
  • "Tengo que ser ordenada para evitar que me castiguen sin salir"
  • "A papá y mamá les ha gustado el dibujo que he hecho hoy. Ayer hice otro dibujo y no me dijeron nada... ¿No les gustó ese dibujo? ¿No lo hice bien? ¿Qué es lo que hice mal?"

No parecen unas creencias muy saludables, ¿no? La autoestima y la auto-motivación se ven seriamente perjudicadas por este tipo de creencias. Pensemos que esas creencias van a acompañar a estos niños hasta su vida adulta y van a condicionar sus valores y su comportamiento... No sería mejor que crezcan con creencias como:

  • "A veces tengo que hacer algo que no me gusta pero lo hago porque me han explicado por qué es necesario hacerlo"
  • "Cuando haga algo que me pidan no necesito recibir nada a cambio, pero quiero saber por qué tengo que hacerlo"
  • "Tengo que ser ordenada para poder encontrar mis cosas cuando las necesite"
  • "Estoy satisfecho con el dibujo que he hecho hoy, me gusta cómo me ha quedado. Ayer hice otro dibujo diferente y también me esforcé mucho, pero me gusta más el de hoy "

En la infancia se crean muchas de las creencias que nos acompañan toda nuestra vida y que más adelante cuesta bastante esfuerzo cambiarlas. Tal vez debamos replantearnos si merece la pena la efectividad a corto plazo de los elogios, premios y castigos a costa de los "efectos secundarios" que tienen para esas personitas a largo plazo.

Vale, me has convencido, ¿ahora cómo hago para cambiar el chip?

Una de las primeras preguntas que nos hacemos los adultos cuando nos planteamos dejar de utilizar elogios, premios y castigos es "¿Cómo voy a conseguir que mis hijos, nietos, alumnos, etc. me hagan caso?"

Ante esa pregunta os voy a plantear otra: "¿Cómo consigues que tus amigos, tu pareja, tus compañeros de trabajo, etc. te hagan caso?"

En serio, deteneos un momento a reflexionar sobre esta pregunta.

Posiblemente la respuesta sea algo como "Intento razonar con ellos", "Les explico el motivo de lo que les estoy pidiendo", "A veces no me hacen caso porque no están de acuerdo y descubro que su punto de vista es tan válido como el mío"...

¿Y por qué no aplicar esto mismo cuando tratamos con niños? ¿Acaso no son capaces de razonar? (vale, no os voy a negar que con los más pequeños el tema de razonar es más difícil, pero no es imposible). ¿Acaso no puede ocurrir que si escuchamos su punto de vista nos sirva para ponernos en su lugar y conectar con ellos en lugar de enfrentarnos en una lucha de poder?

Esto es aplicable sobre todo a los premios y castigos, el caso de los elogios es más delicado porque parecen más inofensivos y el efecto negativo que tienen es más sutil, pero para mí la clave está en encontrar un equilibrio en el que podamos alegrarnos por los logros de nuestros hijos pero evitando elogiar constantemente y tratando de no caer en los elogios vacíos que sólo se centran en el resultado, y centrarnos más en el proceso, en el esfuerzo, incluso aunque el resultado no haya sido el esperado. Si queréis ver algunas frases que se pueden utilizar para "desintoxicarse" de los elogios os recomiendo este post sobre los elogios que escribí hace tiempo.

 

En el webinar del viernes 5 de Octubre (2018) hablaremos de todo esto con más detalle y con ejemplos. Si quieres asistir y tener acceso a la grabación, puedes unirte ahora a RetoMontessori, te espero! 😉

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